Los trabajadores españoles, traicionados por el marxismo, desilusionados de la revolución bolchevique y necesitados de defensa, deben fijar su atención en el Nacional-Sindicalismo Jonsista

Las J.O.N.S. han contraído al nacer un solemne compromiso: el de no hacer nada sin el concurso y la ayuda del pueblo laborioso. Nuestras metas han sido fijadas teniendo siempre en cuenta los intereses de las zonas españolas más extensas, y parece, por tanto, lógico que recabemos su entrada directa en las organizaciones jonsistas.

Nosotros tendemos la vista hacia el panorama social de la Patria, y encontramos en todas partes gentes y núcleos que reclaman con urgencia una bandera intrépida y justa.

Eso nos ocurre contemplando el campo español. La vida agobiante y difícil de todos los labradores, de todos los campesinos.

Nos ocurre asimismo examinando el sector numeroso de los pequeños industriales y comerciantes, que se debaten despedazados por los grandes poderes económicos y el descenso vertical de la capacidad de consumo entre las masas.

Y, por último, el mismo fenómeno, agravado y envenenado hasta el supremo límite por la insurrección marxista de octubre, aparece en todo el ancho y enorme sector social que forman los trabajadores, las grandes masas de asalariados, que han visto derrumbarse sus ilusiones últimas y se encuentran hoy en la desorientación mayor y más trágica.

En una situación así, las J.O.N.S. aspiran a ser esa bandera intrépida y justa a que antes nos hemos referido.

Y por eso decimos a todos los trabajadores:

Hay que tener el valor de una rectificación. Si no queréis que os aplasten los poderes más reaccionarios de la sociedad, debéis someter a revisión las bases de la doctrina antigua y abandonar las tácticas y los dirigentes que han fracasado.

Nosotros sabemos que los trabajadores, todos los asalariados, tienen una batalla común que dar con otros sectores de españoles igualmente numerosos y en situación crítica. Cuando el marxismo dice a los trabajadores que sólo se fijen en batallas de clase, y no consideran como suyas otras conquistas, los engaña y traiciona del modo más miserable.

Los trabajadores tienen que luchar al lado de todos los labradores y campesinos, al lado de todos los modestos industriales, funcionarios, y no para conseguir victorias políticas demoliberales o liberal-burguesas, según predicó falazmente el socialismo en 1931, sino para establecer en España un Estado de justicia; para hacer de España la Patria auténtica de todo el pueblo.

Hay una tarea común: esa de hacer de España la gran Patria histórica que siempre ha sido, la garantía suprema y segura de que no habrá en ella explotaciones sociales ni injusticias.

Y hay también un enemigo común: el que forman los especuladores, acaparadores y prestamistas, que agarrotan las economías y los patrimonios modestos.

Parece que es llegado el momento de que los trabajadores españoles más avisados e inteligentes inicien con vigor la nueva era. ¡¡¡Sobre todo, ruptura decidida y valiente con el marxismo!!! El marxismo español debe quedar definitivamente enterrado en la sepultura de sus propias traiciones, de sus ineptitudes y de sus errores.

El nacional-sindicalismo jonsista es el auténtico guía de las masas desorientadas. Venimos precisamente a ser para los trabajadores la nueva esperanza tras de la desilusión, la tristeza y la derrota. Tenemos también otra característica: la de ser profundos patriotas; la de haber descubierto que la redención de todo el pueblo está ligada a la conquista plena de una Patria fuerte, libre y enérgica.

¡Con nosotros, pues, los trabajadores! A nacionalizar la banca parasitaria; a nacionalizar los transportes; a impedir la acción de la piratería especuladora, y a exterminar a los grandes acaparadores de productos.

El nacional-sindicalismo jonsista unirá, repetimos, en un único frente a todos los labradores, pequeños industriales, funcionarios, y a todos los obreros. Es decir, unificará la acción y la eficacia de todos los españoles que trabajan, sufren y padecen.

(«La Patria Libre», n. 5, 16 - Marzo - 1935)

Problemas de organización

En el número segundo de LA PATRIA LIBRE publicamos una entrevista con el dirigente de las J.O.N.S. Ramiro Ledesma Ramos. Nos expuso este camarada que su preocupación mayor en orden al funcionamiento interno del Partido lo constituía el problema de la creación viva y eficaz de las JUNTAS.

Se trata de dotar al movimiento jonsista de organismos que recojan la vitalidad de sus masas, aprovechando todas sus energías y equipándolo para la gran empresa de conducir y dirigir políticamente a zonas extensas de españoles.

Es sabido que la tarea más delicada y difícil que se presenta a los dirigentes políticos que tratan de movilizar grandes masas es la de resolver las dificultades de organización. No basta esgrimir la verdad ni siquiera propagarla con emoción y talento. Hace falta también, y sobre todo, que sepan hacer cara a esa otra fundamental exigencia que es la necesidad de «organizar» de una manera ágil, disciplinada y eficaz a sus multitudes.

Pues bien, de este orden último es el problema de la organización de las JUNTAS. Sabemos que los camaradas dirigentes trabajan hoy en la elaboración rápida de las instrucciones oficiales que debe tener en cuenta el Partido para dar vida a los nuevos organismos. Se trata en realidad de dar un sentido a la denominación misma de las J.O.N.S., ligándola de un modo profundo al carácter y al espíritu verdaderos del movimiento. Las JUNTAS vendrían a ser entre nosotros organismos de eficacia e importancia similar a la de los Fascios italianos, los Soviets rusos y hasta las tradicionales Hermandades hispanas. Claro que esa alusión la hacemos muy por lo alto, sólo a los efectos de que se comprenda la máxima importancia que las J.O.N.S. van a adscribir y señalar a las JUNTAS.

Oficialmente podemos anunciar que no transcurrirán muchos días sin que la Junta Central Ejecutiva de las J.O.N.S. publique una amplia circular sobre estos extremos, perfilando claramente el carácter de las JUNTAS, localizando su finalidad, precisando su funcionamiento y resolviendo en una palabra todas las dudas y dificultades que puedan presentarse en las secciones locales encargadas de llevar a la práctica la nueva organización.

Adelantamos aquí varias de las ideas que van a presidir la creación y la organización de las JUNTAS, y que nos han sido facilitadas oficiosamente para que se publiquen en LA PATRIA LIBRE.

Primero. Las JUNTAS serán propiamente los órganos de ensanchamiento y crecimiento de las J.O.N.S., es decir, los órganos encargados de acoger a los nuevos afiliados y militantes en su primer contacto con el jonsismo.

Las JUNTAS son el movimiento jonsista de masas, los organismos que encuadran el sector mayoritario y más pasivo políticamente de las J.O.N.S. Pues al lado, y sin que desde luego se oponga a la vida de las JUNTAS, funcionarán secciones especiales más ágilmente ligadas a los mandos y más cercanas a los Comités que constituyan la jerarquía jonsista.

Ahora bien, todos los camaradas pertenecerán a las JUNTAS, desde los dirigentes más destacados hasta los que permanezcan en el puesto más oscuro.

Segundo. Una JUNTA es, pues, un organismo de vida propia, con su Triunvirato dirigente, sus funciones, su misión y su funcionamiento en muchos aspectos democráticos, es decir, con intervención directa de los camaradas que la integren.

Buscan así las J.O.N.S. que haya espontaneidad y facilidad en su creación y que tenga la base jonsista libertad suficiente para ampliar su radio de acción e influencia entre las masas.

Todas las JUNTAS que se constituyan y funcionen en una localidad o provincia estarán desde luego perfectamente controladas por el mando local o provincial del Partido, esto es, por la jerarquía responsable jonsista.

Tercero. Las JUNTAS estarán integradas por un número variable de camaradas. No inferior a 50 ni superior a la cifra de 500 militantes.

Organizarán en su seno las tareas de difusión y penetración de la propaganda jonsista en las zonas indiferentes de la población donde estén constituidas.

El Triunvirato dirigente de cada JUNTA tendrá cuidado especial de que la base no desvirtúe el carácter de estos organismos y se mantenga en la disciplina y en el afecto a la jerarquía jonsista.

Las JUNTAS, constituidas como hemos dicho, con un cierto sentido democrático, celebrarán reuniones, donde todos los camaradas expondrán sus iniciativas, criticarán la marcha de la JUNTA respectiva (nunca estas críticas se referirán al Partido en general, sino propia y específicamente a la JUNTA misma) y examinarán las tareas de ayuda mutua, deportes y cuanto constituya la actividad de su JUNTA.

Cuarto. Las JUNTAS organizarán en su seno servicios de solidaridad y de ayuda mutua entre todos los camaradas que la formen, siendo el hecho de pertenecer a la misma JUNTA un lazo especial de camaradería. Tenderán a una cierta emulación con las demás JUNTAS, al objeto de ver cuál tiene mejor organizados sus servicios de solidaridad, sus equipos deportivos, sus tareas de propaganda, su contribución a las secciones especiales de protección.

Los mandos locales y provinciales vigilarán los trabajos de las JUNTAS y a ellos corresponde el contacto oficial directo de la jerarquía jonsista con las JUNTAS, resolviendo sus dudas y orientando en todo momento sus funciones. Asimismo cuidarán esos mandos directos de las JUNTAS de su aspecto administrativo, cotización especial o única, etc.

Quinto. Hay un aspecto importante a destacar en la vida de las JUNTAS. Contribuirán con un cupo obligatorio mínimo a las secciones especiales encargadas de la protección. Es decir, cada JUNTA obligatoriamente dará a la milicia un número mínimo de camaradas. Y estará a su cargo cuanto se relacione con su buen equipo y demás gastos que se originen. Ese cupo será probablemente el del 10 por 100 de los militantes que integran la JUNTA.

Sexto. Las JUNTAS serán formadas en las grandes ciudades por sectores o barriadas, al objeto de que sea fácil y frecuente el contacto de todos los camaradas. Para distinguir las JUNTAS entre sí, éstas adoptarán bien un número de orden, bien un nombre, que puede ser el del barrio o uno extraído de la Historia nacional y de los grandes hombres o hechos de nuestra raza.

Séptimo. La posible libertad y funcionamiento democrático de las JUNTAS se entenderá siempre para las tareas que le son propias, sin que en modo alguno sirvan para rebasar las fronteras mismas de cada JUNTA. Vigilar estos límites de su funcionamiento será una de las más delicadas misiones de los mandos locales y provinciales de las J.O.N.S.

(«La Patria Libre», n. 5, 16 - Marzo - 1935)

Las J. O. N. S. presentan ante todo el pueblo la necesidad de que España organice con firmeza su defensa.

Sólo una España fuerte puede asegurar la paz en el Mediterráneo y evitar la guerra

¿España en peligro?

Sólo tenemos elogios para el propósito del Gobierno de organizar fuertemente la defensa de las Baleares. La independencia y la libertad de España reclaman su rapidísima ejecución

Mientras más fuertes más libres. Esto que seguramente es siempre verdadero obtiene su mejor y más plena vigencia en la vida internacional. Un pueblo indefenso y débil no tiene libertad para determinar y fijar su propia actitud con relación a otros. Será siempre satélite de los demás, es decir, carecerá realmente de independencia.

No creemos que haya español alguno que acepte fácilmente para España un puesto de satélite, de pueblo protegido, a merced de los vientos y sin posibilidad de decidir por sí misma la línea internacional que le convenga. Parece, por tanto, que si se exceptúa a la patulea traidora y profesional del pacifismo, todos los españoles considerarán de verdadera necesidad la fortificación de las Baleares.

Es posible que se aproximen borrascas mundiales, conflictos duros, que pongan de nuevo a prueba el vigor y la moral de los grandes pueblos. El «statu quo» internacional está lleno y poblado de contradicciones. Hay varios problemas encendidos que serán difícilmente resueltos dentro del orden internacional que hoy rige. Hay en el Mediterráneo un equilibrio peligroso a base de dos grandes potencias archiarmadas y desde luego rivales a los efectos de las decisiones históricas. Hay la posibilidad del frente germano-polaco con ramificaciones japonesas, a la vez que una nueva amistad militar ruso-francesa.

Y nosotros decimos a los españoles, a la conciencia vigilante de todo el pueblo:

Todo el pueblo debe interesarse porque España sea una Patria fuerte, con el vigor armado que haga falta para hacer frente a los enemigos internacionales. Pues todo el pueblo padecería en sus entrañas las desdichas que proporcionaría a España y a los españoles una situación indefensa.

Siendo débiles no podríamos ni ser neutrales en los conflictos. Y véase cómo incluso los pacifistas deben postular en España una política de vigorización militar, aunque sea para mantener nuestro propio derecho a la paz y al aislamiento.

Mientras menos fuerte sea España más probable será su intervención forzada en los conflictos internacionales que surjan alrededor del Mediterráneo.

No es, pues, dudosa la ruta. El gobierno la inicia con su plan de fortificación de las Baleares y nosotros lo aplaudimos.

(«La Patria Libre», n. 5, 16 - Marzo - 1935)

Los jonsistas queremos la unidad nacional, la unidad social y la unidad política de España.

Por eso luchamos contra los separatismos, contra el marxismo y contra los partidos

Los jonsistas buscamos con afán el medio de unificar la conciencia de todo el pueblo. Sabemos que operan en España fuerzas y poderes que tienden criminalmente a romper esa unidad y a destruir así la base más firme de nuestra Patria española.

Nada más absurdo que la tarea de dividir a los españoles por motivos episódicos, artificiosos y vanos. Nosotros, en cambio, creemos en la necesidad de conquistar para todos los españoles la conciencia de su unidad moral, es decir, la conciencia de sentirse partícipes de una auténtica y verdadera comunidad española.

Sabemos nosotros que sólo así subsistirá la Patria, y que sólo así subsistirá vivo y poderoso el aliento de los españoles.

Reconocemos hoy, pues, por enemigos a todos cuantos impiden la victoria y el desarrollo de ese espíritu de comunidad nacional a que aspiramos. Y también los que traten de edificarla únicamente sobre bases ya reconocidas como fracasadas o, por lo menos, insuficientes para sustentar y garantizar el vigor de nuestra raza.

Queremos que los españoles recobren la confianza en su propio carácter de españoles. El ser español es una gran cosa, y si alguien o muchos no ven esto claro, y no perciben en su alrededor grandeza alguna, ha de saber que ello se debe a la anormal y hasta criminal situación en que hoy estamos, sin conciencia de la comunidad nacional, sin apelación profunda y diaria a eso que somos antes que cualquiera otra cosa: españoles.

Sólo así va a ser posible, no ya la reconstrucción de España y la salvación de los españoles, sino la existencia misma de España como Patria libre, y la de los españoles como pueblo independiente.

Hay fuerzas disgregadoras corrosivas que viven y luchan por destruir el sentimiento de comunidad nacional, y ellas son los principales enemigos de España y del bienestar de los españoles. Ahí está el marxismo, que destruye la unidad social de España e impide el triunfo de la convivencia justa. Ahí están los nacionalismos periféricos, negando no sólo la unidad profunda y nacional de todos los españoles, sino propagando sus afanes de edificar contra España unas supuestas patrias traidoras y balcanizar nuestra magnífica Península.

Todo eso tiene que desaparecer si ha de restaurarse en la conciencia de todo el pueblo el sentimiento de comunidad nacional española. La empresa es de formidable volumen, y si los jonsistas la colocan sobre sus hombros, es porque les guía y orienta una confianza ciega en que el pueblo, todo el pueblo, dejará muy pronto de ser de tal modo hostigado y maltratado por esas fuerzas enemigas de su unidad social, nacional y moral, que movilizará el vigor suficiente para salvarse.

Es cuestión de vida o muerte para España y para los españoles la comunidad nacional de todo el pueblo

La masa general del pueblo está desvinculada de un servicio fervoroso a su Patria española precisamente porque está roto ese sentimiento de comunidad nacional a que nos venimos refiriendo.

Cuando los jonsistas nos preguntamos cómo es posible que el pueblo español haya sido arrastrado a la situación presente y cómo después de demostrar su vigor y su fuerza ante el mundo se resigna a ser engañado miserablemente por minúsculos grupos de farsantes y de traidores, localizamos las causas en la ausencia de espíritu fuerte de comunidad entre los españoles.

Pero ese espíritu no es una ilusión nuestra. Ha existido siempre en España, y hoy lo sentimos como una necesidad nosotros y con nosotros la masa popular no pervertida.

Y nosotros sabemos que el pueblo español, ese pueblo laborioso que merece un destino muy diferente al que le proporcionan los errores y las traiciones de las minorías directoras, es el primero en sufrir las consecuencias de que él, todo el pueblo, todos los españoles, no aparezcan hoy en un mismo frente de comunidad nacional.

Pues el pueblo queda así indefenso, derrotado, víctima siempre de los más fuertes, y ocurrirá que en las crisis económicas, en las situaciones de desventura, sea él quien padezca más que nadie las dificultades y los dolores.

Ello no es tolerable. Nosotros queremos que todos los españoles se consideren igualmente obligados a una línea de sacrificio por la Patria, a soportar por igual sus catástrofes y sus triunfos.

Nos parece monstruoso, absolutamente fuera de toda justicia, que en momentos de crisis, de angustia, de dificultades, haya núcleos extensos a quienes no alcance una participación en ellas.

No puede pensarse como normal un tal desvinculamiento y ruptura entre la vida de España y la de los españoles. Repetimos que si España atraviesa horas difíciles y negras, ningún español debe atraversarlas luminosas y brillantes.

Precisamente, el panorama del gran capitalismo ofrece con frecuencia un espectáculo así. Una Patria en ruinas, económicamente deshecha, y al lado unos magnates de la economía que no sólo no tienen motivo alguno de preocupación, sino que quizá especulan con esas mismas ruinas nacionales.

Lucharemos sin tregua porque los españoles recobren vigorosamente su sentido de comunidad en el seno de la Patria.

Y buscaremos la colaboración de todo el pueblo para desentrañar las causas de su ruina, localizar los grupos enemigos que corroen su vitalidad y desenmascarar las ideas traidoras que han dejado a España sin jugo.

(«La Patria Libre», n. 5, 16 - Marzo - 1935)

Acerca de la actitud de los camaradas de Valladolid circulan por el Partido informes y noticias en absoluto tendenciosas. Nos interesa mucho aclarar cuanto afecta a esa sección, y en nuestro próximo número publicaremos una información detallada, con todos los datos apetecibles, no sólo de su posición actual, es decir, posterior a la ruptura de las J.O.N.S. con F.E., sino también haciendo historia.

Desde luego, adelantamos que tendrá interés la información, porque nadie mejor que nosotros puede hablar de ello, ya que desde el primer día hemos entrecruzado los esfuerzos con aquellos camaradas, hemos asistido a su crecimiento y hemos padecido los posibles errores.

Decimos ya, sin embargo, aquí que el «caso» Valladolid no es singular ni único. Idénticos fenómenos a los allí surgidos a raíz de la ruptura con Falange Española y Primo de Rivera se han dado en otros puntos, pero nos interesa destacarlos con relación a Valladolid, porque allí pueden percibirse en su exacto sentido y allí tienen un relieve más visible.

También adelantamos que las J.O.N.S. tienen muy poco que lamentar respecto al espíritu actual de la sección de Valladolid. Han secundado entusiásticamente nuestra actitud desde el primer día algunos de los mejores y más calificados dirigentes, desde luego los de perfil jonsista más responsable, como hemos de probar. Y se han opuesto asimismo a nosotros quienes lógicamente debían hacerlo. Ha habido actitudes claras, confusas y enemigas. De todas hablaremos.

(«La Patria Libre», n. 5, 16 - Marzo - 1935)